La salud mental es un estado de bienestar en el que la
persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de
la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En
este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar
individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.
La salud mental individual es determinada por múltiples
factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ejemplo, las presiones
socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud
mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están
relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo
nivel educativo.
La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios
sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación
de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los
riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos
humanos.
También hay factores de la personalidad y psicológicos
específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos
mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter
biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios
bioquímicos cerebrales.